España se juega en Andalucía

Las elecciones andaluzas han supuesto un revulsivo inesperado en el penoso panorama político español, cuya democracia se deteriora porque los “demócratas” no lo son. ¿Hasta cuándo podremos los españoles soportar esta situación? ¿Hasta cuándo habrá que contemplar a un individuo manifiestamente antidemocrático en la presidencia del Gobierno? Se repite lo ocurrido con la II República: los que más alardeaban fueron los que la deterioraron hasta destruirla y no dejar otra alternativa que el Alzamiento, Franco y… de nuevo la monarquía para… ¿volver a empezar?

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Pedro Sánchez, para dar imagen de fortaleza, se llevará 1.500 guardias civiles y policías nacionales a Cataluña. ¿Va a tomar la Generalitat? Nada de eso. Lo que pretende es garantizar la seguridad del Consejo de Ministros, que quiere celebrar en Barcelona. Costará una pasta en transporte, alojamiento y manutención. Pero ¿no hay en Cataluña un cuerpo de 17.000 Mossos, pagados por el Ministerio del Interior? Presidente, no nos engañes. Es una cobardía no tomar el control de los Mossos, mediante un simple Real Decreto. Así no despilfarrarías dinero público y podrías dar imagen de gobernante serio. La gente ya ha percibido lo que tu PSOE puede dar de sí y en Andalucía ha quedado demostrado lo que los ciudadanos piensan.

El 2 de diciembre, PP obtuvo 26 diputados; Cs 21 y Vox 12. Hay una potente mayoría absoluta de cambio. El centro y la derecha, 59 diputados, frente a los 50 de la izquierda. No han sido sólo unas elecciones andaluzas, han tenido gran trascendencia nacional como están indicando las encuestas. El futuro político inmediato de España va a verse muy influenciado por lo que allí se negocie. Los españoles esperan un gobierno que levante las alfombras, aunque parece que las trituradoras de papel están a plena marcha; que desaloje al PRI-PSOE, tras casi 40 años de gobierno, y que cambie, radicalmente, las políticas económicas y sociales, en clave nacional, no sólo andaluza. Si eso no se logra, el electorado se sentirá traicionado y lo mostrará en las futuras elecciones europeas, generales o territoriales, que haya en toda España.

Lamentablemente las negociaciones, entre PP y Cs, no parecen ir por el camino que España necesita. Cs parece insistir en un gobierno bicolor, con la abstención del PSOE. El PP no parece hacer ascos a esa propuesta, de la que saldría un gobierno débil y con medidas de escaso calado político. Sería un gran error. Vox ha rectificado lo que, con generosidad, pero con apresuramiento, dijo al principio: «No tenemos voluntad de entrar en el Gobierno, no queremos consejerías ni presidir el Parlamento, sino políticas e ideas» Se ha dado cuenta de que no ve mucho entusiasmo, en Cs ni en el PP, para adoptar medidas sencillas, pero de gran significado político. Por ello, no es bueno que renuncie a su sitio en la Junta y en el gobierno, para ser así garante de que lo que se acuerde, a tres bandas, se pondrá realmente en práctica.

Vox propone devolver al Estado las competencias de Educación y de Sanidad, para centralizar estas áreas que, por realizarse con 17 enfoques diferentes, están planteando problemas de cohesión nacional y de igualdad entre los españoles. Además, propone medidas de calado: cierre de la televisión pública, derogar las leyes andaluzas de memoria histórica y de género, suprimir el Impuesto de Sucesiones y Donaciones, eliminar las ayudas sociales a inmigrantes, evaluar el fraude del PER, reducir los organismos superfluos de la administración autonómica y rebajar el tramo autonómico del IRPF.

Cs y PP estarán probablemente de acuerdo en los temas impositivos, así como en la eliminación de organismos superfluos de la administración, pero tal vez no en una revisión profunda de las ayudas sociales a inmigrantes, ni en la evaluación del fraude del PER. En Educación, Teodoro Garcia Egea, secretario general del PP, ha manifestado, sin mostrar gran entusiasmo, su disponibilidad a que se avance en la dirección propuesta por Vox. Sin embargo, cuando se le ha preguntado por la derogación de la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía, de marzo 2017, ha sido tan esquivo que el entrevistador le ha dicho que “más que murciano parece gallego” y le ha insistido preguntando: “¿No fue un error que Rajoy no hubiera derogado la Ley de Memoria Histórica?” Teodoro ha vuelto a eludir la respuesta y se ha enrocado en la Ley de Concordia que propone Casado. No está mal. Nadie puede estar en contra de la concordia, pero es innegable que la sesgada ley de Zapatero y, después, la ley andaluza lo que han hecho es contribuir gravemente a destruir el espíritu de la transición. Derogar esa ley no cuesta nada, ahorrará gastos y enfrentamientos y es un gesto político importante. Más tarde, cuando se llegue al Gobierno de la Nación, ya se hablará de una futura Ley de Concordia, lo que no impedirá tampoco la inmediata derogación de la Ley de Memoria Histórica. Recuérdese que cuando Zapatero llegó al poder derogó, de un plumazo la ley que permitía tomar, de la desembocadura del Ebro, el agua excedente que iba al mar y trasvasarla a las secas cuencas de Alicante, Murcia y Almería. No le tembló el pulso. Lo mismo hizo derogando también la ley de Educación del PP, que ni siquiera llegó a ponerse en práctica. Hágase ahora lo mismo y deróguese de inmediato la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía, que daña mucho y aporta muy poco valor.

En cuanto a Cs, parece no haber aprendido de su propia historia. Surgió en Cataluña. Después se extendió por España porque los españoles valoramos su actitud valiente, frente al de un PSOE y un PP acobardados ante el independentismo. Pero no puede descalificar las ideas de Vox. ¿Cuáles son aquellas que le llevan a descalificarlo o es mero oportunismo político? Lamentablemente Cs parece querer nadar y guardar la ropa. Recientemente convocó una concentración en la plaza de la Ópera de Madrid con el lema “INDULTOS NO”.  Pues bien, las pancartas que repartió entre los asistentes eran “STOP SANCHEZ” y “ELECCIONES YA”. No había ninguna con el lema principal “INDULTOS NO” ¿Por qué? Además, repartían muchas banderas europeas y muy pocas españolas, lo que nos sorprendió a muchos de los que acudimos.

Que no se equivoque ninguno de los tres jugadores clave, PP, Cs y Vox. La nueva política requiere visión de Estado y firmeza. Los politiqueos oportunistas se pagarán caro. Vox no debe renunciar a su presencia política en instituciones y gobierno andaluz. Si lo hace sus electores perderán la confianza. Debe seguir apretando en temas políticos claves pues eso es lo que quiere España, aunque las cesiones tendrán que ser inevitables, para poder entrar en un gobierno tripartito. Eso no implica ceder en sus posiciones sino meramente reconocer ante su electorado que no tiene aún fuerza suficiente para hacerlas valer. No obstante, sus declaraciones servirán de anticipo de campaña para las próximas elecciones. Igual le ocurre al PP y Cs. Deben medir sus propuestas. Rajoy y Soraya no pueden ser su referente sino todo lo contrario. Sánchez, como suma de oportunismos para llegar al poder, tampoco.

Temas como Memoria Histórica, Cataluña y la armonización autonómica son cruciales. PP y CS, no deis vueltas, no os equivoquéis de enemigo. Si dejáis de lado estos temas, os podrá costar muy caro en las próximas elecciones. Muchos españoles están hartos, no de la democracia, que es irrenunciable, pero si del politiqueo de los aparatos de partido y de la corrupción y nepotismo, que de ello se deriva. Necesitan líderes en los que confiar y que no aparquen temas políticos clave, tales como la unidad, la reconciliación y la igualdad de los españoles. Sin ello, la economía no es suficiente y además quedan aún muchos flecos por cubrir, en especial, empleo, pensiones y deuda pública. Hay que ser valientes y proponer medicinas amargas que sean necesarias, aunque cuidando con esmero su impacto en los más desfavorecidos. Y, como colofón, pido perdón a mis amigos sociatas, pero su partido, hoy, ha perdido la E final, de la que hace tiempo se fue desprendiendo en diversos territorios. Por el momento no parecen querer formar parte de la selección de partidos españoles.

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